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Educación especial

 
Las políticas de educación especial actuales privilegian la inclusión de alumnos con necesidades especiales, siempre que sea factible, en los ámbitos educativos más normalizados. Ello significa, en la práctica, que el profesor de música puede encontrar en su clase de la escuela ordinaria alumnos que presentan dificultades de aprendizaje que, en algunos casos, derivan de un déficit auditivo, motor, visual, o mental.
¿Qué hacer en la clase de música con un alumno que no oye, por ejemplo? ¿Cómo enseñarle música a un alumno que no ve? Estos interrogantes, en parte se asemejan a los que un profesor de cualquier asignatura o área se puede plantear, pero se suman las particularidades que la Educación Musical posee y que es imprescindible contemplar.

De la teoría a la práctica

 
 Difícilmente se cuestione la inclusión de estos alumnos en ámbitos educativos ordinarios si se considera el supuesto filosófico y sociológico básico que encierra. Nadie puede dudar que la aspiración a alcanzar una escuela y una sociedad que no marginen y, por el contrario, respeten y valoren la pluralidad de ideas, razas, sexos, condiciones, capacidades, etc., no es una meta verdaderamente digna. Sin embargo, y aún en pleno acuerdo con dicha premisa fundamental, es en la práctica de la educación inclusiva donde surgen numerosas dudas y dificultades.

Sólo determinados requisitos pueden ser el puente para alcanzar un óptimo resultado. Como primer condición, la educación inclusiva exige un curriculum lo suficientemente comprehensivo y diverso como para abarcar la gama de diferencias posible de encontrar en el conjunto de alumnos y alumnas; un curriculum que permita, a su vez, realizar modificaciones contemplando las necesidades de cada uno. A ese proceso se denomina adaptación curricular y es la concreción, en el plano pedagógico- didáctico, de los supuestos filosóficos y sociológicos que la inclusión de alumnos con necesidades educativas especiales plantea. En la misma se materializan las respuestas curriculares que se debe ofrecer, a partir de las necesidades particulares de un alumno o un conjunto de alumnos. Las adaptaciones curriculares dependen de la articulación de dos aspectos básicos. Por un lado, las características del conocimiento a enseñar, y por otro, la peculiaridad del sujeto al cual se le enseña dicho conocimiento. En otras palabras, no es lo mismo enseñar una estructura gramatical que las cualidades del sonido o una operación matemática. Tampoco es lo mismo si el destinatario es un alumno que padece sordera, disfunción motora severa, o presenta dificultades de aprendizaje derivadas de deficiencia mental. A ambos ejes debe sujetarse una adaptación curricular.

Particularidades del conocimiento musical

Muchas son las características propias del saber musical. Nos interesan aquí sólo algunas que pueden intervenir en caso de una posterior adaptación. Ante todo, no debe equipararse el concepto de música con el de saber musical. Debemos partir de la concepción de que el saber musical es también un objeto de enseñanza-aprendizaje. Es éste un saber que posee un lenguaje propio y un conjunto de teorías, que se convierten, a través de la didáctica en contenidos que los alumnos van a aprehender, y que no se reemplazan con vivencias musicales.

Otro punto importante es que existen variados canales de acceso al conocimiento musical, y sólo si hablamos de canales de percepción de la música, la audición es la principal vía, aunque no la única. Existen otras, como la vibracional, que puede contribuir, cuando la audición está ausente, a la percepción de algunos aspectos de la música.

Por último, es válido mencionar que en el saber musical también se produce (y quizás de un modo más pronunciado que en otros saberes) lo que Chevallard[1] denominó transposición didáctica, es decir, el proceso en que el saber sabio deviene en saber enseñado. Esta distancia, necesaria, entre uno y otro, que separa el saber erudito de aquello factible de ser enseñado, en el caso del conocimiento musical corre el riesgo de banalizarse, aspecto que debe vigilarse, más aún cuando se trata de realizar una adaptación curricular.

Características del sujeto que aprende

Las necesidades especiales de cada individuo, aún aquellas derivadas de un mismo déficit, son diferentes a las de otro. La detección previa, realizada preferiblemente con un profesor especialista, orienta al profesor de música en las decisiones curriculares a tomar. Las actividades que realice en clase variarán de acuerdo al tipo de necesidades especiales que deba atender, es decir, si un alumno presenta sordera o hipoacusia, ceguera o baja visión, dificultades motoras, etc.

El proceso de Adaptación Curricular

La adaptación curricular es un proceso de múltiples momentos, que abarca aspectos organizativos y didácticos, y en el que intervienen pluralidad de actores. Nos interesa básicamente, la instancia específica en la cual el profesor de música debe realizar las modificaciones de su curriculum para un alumno preciso. En primer término realiza las adaptaciones de "acceso al curriculum" cuando modifica espacios, materiales o sistemas de comunicación. Por ejemplo, si elige dictar su clase en un salón con suelo de madera para favorecer la transmisión de las vibraciones para un alumno sordo, o si engrosa con goma el mango de un cascabel, para permitir la prensión y ejecución a un alumno con dificultades motoras, o si solicita la transcripción al Braille de algunos materiales de lectura para un alumno con ceguera. Luego, y sólo si éstas son imprescindibles, pasa a realizar las adaptaciones curriculares propiamente dichas. Recordemos que éstas se refieren al qué, cómo, y cuándo enseñar y evaluar. Es decir, pueden implicar modificaciones en los objetivos, contenidos, estrategias metodológicas, criterios, instrumentos o técnicas de evaluación, etc. Esas adaptaciones pueden significar desde una simple modificación de los instrumentos o técnicas de evaluación, o la implementación de estrategias metodológicas diferentes a las del resto de los alumnos, hasta una temporalización diferente o bien recorte de algunos objetivos-contenidos, cuando el alumno no puede acceder a ellos. En este caso, el recorte debe necesariamente extenderse a los criterios de evaluación para ese alumno.

Veamos probables adaptaciones que un profesor de música puede realizar, de acuerdo a cada tipo de necesidad especial, para la enseñanza de un contenido.

Contenido: CUALIDADES DEL SONIDO

Sugerencias de adaptaciones para necesidades especiales derivadas de:

Déficit motor. La percepción auditiva es normal. Como pueden presentarse dificultades de organización temporal, deben ser claramente diferenciadas las duraciones de los sonidos. Es muy conveniente ejercitar secuencias de sonidos, para facilitar la organización.

Déficit mental. La posibilidad de acceder a este contenido depende de la capacidad de establecer relaciones. Para ello, es conveniente ejercitar sólo una cualidad por vez y comenzar por opuestos contrastantes. Es necesario apoyar las ejercitaciones con el trabajo con su cuerpo o apoyos visuales. Deben intensificarse los procedimientos (exploración de sonidos, ejecución con instrumentos, etc.) como medio más seguro para alcanzar, los conceptos. Se recorta el contenido: sólo sonidos largos y cortos.

Déficit auditivo. Debe permitirse explorar los sonidos por medio de la percepción de las vibraciones aprovechando la madera como conductor (pisos e instrumentos de este material). En el caso del timbre, se seleccionarán aquellos cuyas vibraciones sean marcadamente diferentes. Lo mismo con la intensidad.

Déficit visual. La percepción auditiva está usualmente más desarrollada, y debe favorecerse su entrenamiento permanente. Se recurrirá a materiales en Braille, de ser necesario, a imágenes en relieve para explorar a través del tacto, o al propio cuerpo como apoyo de las ejercitaciones.

Este análisis puede elaborarse con cada contenido, hallándose estrategias para adaptar cada uno. Por cierto, a medida que se complejizan, aumenta la necesidad de recortes para algunos alumnos.

Lo fundamental es que la estrategia de adaptación curricular permita que los alumnos con necesidades especiales participen lo más activa y plenamente posible en la clase de Música, aprendiendo siempre, de acuerdo a sus posibilidades.

NOTAS:
[1] CHEVALLARD, Y. (1991). La transposición didáctica. Del saber sabio al saber enseñado. Buenos Aires: Aique.


Claudia Amusategui
aclaudia@cordoba.com.ar
 

 

 

 
 
 

 

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Última modificación: 03 de junio de 2009